27/12/09

El Pais y su articulo "!Abajo el comunismo!"

El País obsequió a sus lectores en su edición del domingo 20 con un articulo sobre el fin del gobierno de Ceausescu en Rumania, titulándolo "¡Abajo el Comunismo¡

Como es habitual en este periódico, sobre todo cuando se habla de los enemigos del capitalismo, tanto del pasado como del presente, la descripción de los hechos se basa mas en los tópicos y mitos, transmitidos tras los acontecimientos para justificarlos, que en los propios hechos.

En primer lugar, vuelve a definir como estalinista al régimen antiestalinista de Ceausescu que, al contrario, fue el único de los lideres de los miembros del pacto de Varsovia que se opuso a Moscu en la invasión de Checoslovaquia, y de los pocos que se abrieron al comercio con EE.UU. y la C.E.E a pesar de la oposición de la URSS.

En cuanto a la insistente definición de los países socialista del este como "estalinistas", y en especial del "feroz régimen" de Rumania, El País afirma que Ceausescu hizo declaraciones a la mismísima Radio Europa Libre, la emisora que intentaba destruir el Socialismo rumano, y pone en su boca las siguientes palabras:

"Si lograra contribuir a mi país lo mismo que Stalin al suyo, me encantaría que la historia me recordara de manera justa como un Stalin moderno"

Extrañas palabras en un declarado antiestalinista que había retirado todas las estatuas y recuerdos del "infame Stalin" de todo el territorio rumano.

Igualmente afirma que fue en Timisoara, ciudad donde comenzó la "Revolución" el 16 de diciembre de 1989, donde se empezó a escuchar el grito "¡abajo el comunismo¡". Sin embargo, lo que la multitud y los trabajadores gritaban en las calles de Timisoara fue "queremos comida", "queremos calefacción", aunque tras la represión del ejercito estos gritos se transformaron en "¡abajo Ceausescu¡".

El grito "¡Abajo el comunismo¡" se creó en los despachos fuera de Rumania, y llego a las calles cuando el proceso "revolucionario" ya estaba bien encauzado, como afirmo el joven Vigil Zbaganu, que intento continuar el Partido Comunista Rumano después de 1989 y lo pago con su muerte.

El propio General Stanculescu, ultimo ministro de defensa del gobierno de Ceausescu, y luego clave en el golpe de estado que acabo con la vida del matrimonio, afirma que el orden de los gritos de protesta fue el siguiente: ¡Abajo Ceausescu¡ ¡Libertad¡ y, al final, ¡Abajo Comunismo¡. Aunque para occidente que las masas salieran a la calle exigiendo el fin del sistema socialista desde el primer momento sea un deseo frustrado que intentan convertir en realidad por medio de la magia de la propaganda, la realidad fue diferente.

Otra de las afirmaciones infundadas de El País es que los Ceausescu huyeron en el helicóptero desde el Comité Central del partido en Bucarest junto con su ministro de defensa, el mismo Stanculescu del que hablamos mas arriba, que luego dirigió su ejecución. La realidad fue que este ultimo se quedo en tierra organizando junto con otros oportunistas el nuevo gobierno del país.

El periodista se fía de una testigo que observó como los tres salían volando en el helicóptero, aunque desde Piata Revolutii es difícil ver quien va montado en un aparato que despega desde la azotea del edificio del Comite Central del PCR. Y ciertamente, o la testigo vio mal, o el periodista directamente se lo inventó (algo bastante habitual cuando El Pais habla de Venezuela, Cuba, Corea del Norte, el sistema socialista en general, o cualquier pais que sea un obstaculo en el desarrollo del liberalismo criminal en el mundo).

En lo que si que tiene razón El País es en que hubo un golpe de estado en Rumania, aunque no espontáneo como afirma, sino bien organizado desde hacia tiempo. De hecho el general Stanculescu acaba de confirmar en una entrevista reciente que él estaba al tanto de los pasos que había que dar en el proceso a través de agentes de la KGB (la entrevista esta publicada el pasado día 18 en el diario Evenimentul Zilei, y sera traducida en este blog en los próximos días).

Este golpe de estado, que utilizo la salida de las masas a la calle contra Ceausescu para que la resistencia del gobierno rumano (que era uno de los mas reticentes a aceptar las ordenes de aperturismo llegadas desde el Kremlin de la "perestroika") se aflojara y no diera lugar a una guerra civil, tuvo como consecuencia que la mayoría de los miembros del Partido Comunista que estaban entonces ocupando los miles de cargos de la burocracia rumana pasara a repartírselos igualmente en el nuevo régimen que empezó en 1990.

Esos oportunistas de entonces siguen pululando por las empresas, instituciones y partidos politicos veinte años después (recordemos que el mismísimo nuevo presidente de Rumania por seguda vez, Traian Basescu, fue secretario de estado del ministerio de Transportes en el ultimo gobierno de Ceausescu, y continuó formando parte del mismo ministerio en el primer gobierno del Frente de Salvación Nacional).

El País termina lamentándose de que "dos décadas después, los 1.104 muertos y 3.000 heridos de aquellos días aún esperan justicia, mediante la condena de los criminales y cómplices de Ceausescu". Lo que no dice es que aquellos que llama "cómplices" de Ceausescu fueron los mismos que le abandonaron durante la llamada "Revolución" y que se cambiaron ágilmente de bando para continuar ocupando los altos cargos políticos en el futuro régimen capitalista. Es decir, son los feroces anticomunistas de hoy.

Articulo extraido de Un vallekano en Rumania (Blog)

¡ABAJO EL COMUNISMO! (El País, 20 de diciembre de 2009)

Un grupo de manifestantes corría pasadas las siete y media de la tarde, el 17 de diciembre de 1989, frente a un edificio de la calle Lipovei de Timisoara, al oeste de Rumania. Luminita, una niña de 13 años, pidió permiso a sus padres para asomarse a la travesía y observar los acontecimientos, bajó y se entremezcló entre la multitud que inundaba la ciudad. Minutos después, una bala atravesó el corazón de la pequeña, que pasó a engrosar la lista de personas que perecieron en la revolución contra uno de los regímenes comunistas más feroces de la Europa del Este. "El terror petrificaba a los manifestantes, que se dispersaban para salvaguardarse de los disparos", relata su madre, Maria Botoc, que descubrió la muerte de Luminita cuatro días más tarde.

En Timisoara, germinó hace dos décadas el fin de la dictadura estalinista de Nicolae Ceausescu. "Si lograra contribuir a mi país lo mismo que Stalin al suyo, me encantaría que la historia me recordara de manera justa como un Stalin moderno", declaró el conducator a Radio Europa Libre meses antes de su ejecución, el día de Navidad. El dictador desconocía por aquel entonces que la expulsión del sacerdote evangélico Laszlo Tokes desencadenaría una avalancha de protestas de sus feligreses y una oleada de gritos que proferían en la plaza de María: "¡Abajo el comunismo!".

Un amigo del sacerdote, Zoltan Balaton, recuerda que ese día hacía un aire gélido y que la muchedumbre crecía de manera espontánea provocando que "las cosas se hicieran irreversibles". "No nos rebelamos porque fuésemos valientes, sino porque la situación era tal que o la aceptábamos con vergüenza y humillación o librábamos una lucha", explica.

Preso del pánico por los aires de libertad procedentes de Occidente, Ceausescu ordenó a la temida policía secreta, la Securitate, abatir a cualquier persona que se moviera para frenar una revuelta que terminó con un balance de 93 víctimas en Timisoara. "Empezaron a disparar contra el suelo, pero inmediatamente dispararon contra nosotros de manera indiscriminada", relata Tiberiu Braila, un revolucionario que contempló cómo transportaban los cadáveres a los cementerios.

Para contrarrestar, Ceausescu concitó a los habitantes de Bucarest a una contramanifestación el 22 de diciembre frente a la sede del Partido Comunista. "Se comenzaron a escuchar abucheos dos minutos después de que empezara su discurso, lo que le dejó desconcertado y sin saber cómo reaccionar", cuenta Stefana Pascariu, testigo de la fuga que protagonizaron Nicolae y Elena Ceausescu en helicóptero con su ministro de Defensa, Victor Stanculescu, el mismo quien lo ejecutó a sangre fría tres días más tarde.

Durante estos minutos de confusión nació una conspiración en el seno del Partido Comunista que tenía como fin apartar a Ceausescu y perpetuar en el poder a los principales dirigentes. "Con la constitución del Frente de Salvación Nacional, se consiguió mantener la misma nomenclatura comunista en el poder durante muchos años", asegura Mircea Dinescu, uno de los manifestantes.que invadieron la televisión estatal rumana para relatar la huida de Ceausescu. "Nadie explicaba el paradero del dictador así que asaltamos la cadena pública y contamos lo que estaba sucediendo", prosigue. Horas más tarde, Ion Iliescu se acercó a la televisión para tomar las riendas del poder. "En Rumania existía una dictadura nacional comunista sin apenas una oposición organizada, de modo que el pueblo aceptó un comunismo con una cara más humana", explica Dinescu. Sin embargo, la realidad se transformó en que Iliescu convirtió el proceso de transición del comunismo al capitalismo en un día, lo que permitió que los antiguos miembros del partido y los informadores de la Securitate se beneficiaran. "Todos fueron unos oportunistas cuyo objetivo estribaba en sacar partido a una revolución irreversible", asegura.

Dos décadas después, los 1.104 muertos y 3.000 heridos de aquellos días aún esperan justicia, mediante la condena de los criminales y cómplices de Ceausescu.

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Abajo/comunismo/elpepiint/20091220elpepiint_4/Tes